mercoledì 5 settembre 2012

¿ PERON SARDO ? (LA HIPÓTESIS DE UN PERÓN NACIDO EN LA ISLA DE CERDEÑA)


¿PERON, SARDO? (LA HIPÓTESIS DE UN PERÓN NACIDO EN LA ISLA DE CERDEÑA)

Por Mario Casalla
PUNTO UNO
 26/08/2012
Por estos días, dos producciones culturales inspiradas en las figuras mitológicas del peronismo, están a disposición del gran público.
Me refiero a la película “Atraco” (protagonizada por Guillermo Francella), la cual gira sobre el supuesto robo de joyas pertenecientes a Evita durante el exilio transitorio de Perón en Panamá (uno de los períodos de mayor soledad en su vida).

Y el otro es la aparición de la novela “La máscara sarda”, de Luisa Valenzuela, que gira sobre la hipótesis de un Perón nacido en la isla de Cerdeña en 1893 (o ‘95), que emigró a la Argentina como Giovanni Piras y que –protegido por la bondad de Juana Sosa- cambió su identidad, para evitar volver a Cerdeña a cumplir con el servicio militar.

Más tarde ese Giovanni (Juan) por su matrimonio con Aurelia Tizón -cuyo hermano era un influyente funcionario de la época- escaló posiciones y dejó definitivamente atrás esa máscara sarda.

Y no le cuento más, porque para eso está la novela y su autora se enojaría conmigo, con toda justicia, si lo hago.

Lo que sí le digo es que ese supuesto “Perón italiano”, es una de las tantas leyendas de su genealogía y que –como cuenta la autora- le fue narrada en la propia Cerdeña, más concretamente en el pueblo de Mamoida (2500 habitantes), donde el hostal se llama Sa Rosada (La Rosada), en recuerdo de nuestra casa de gobierno y donde los “peronistas” locales la abrumaron con diarios y artículos de época.

Luisa relata el origen ese material para su novela en un artículo periodístico reciente (Revista ADN, La Nación, “El último secreto de Perón”) y usted puede leerlo seguramente por Internet.

Pero no lo que sigue.

LOS ORIGENES DEL APELLIDO PERON

La leyenda de un “Perón italiano, sardo” –que por ende no hubiera podido ser general de la Nación, ni presidente de la República, por impedimento constitucional- tiene también una larga historia entre nosotros, como no podía ser de otra manera.

Además convengamos que -al propio Perón- le gustaba ser un tanto misterioso en ese sentido.

Es muy citada su afirmación -de los años ’60- al biógrafo Pavón Pereyra: “Como si hubiese jugado al destino en una mágica apuesta, logré conservar hasta hoy el origen de mi nacimiento como un profundo secreto”.

Sin embargo, nos parece que hay que entender ese “secreto” más ligado a lo que por entonces era un estigma social y familiar, que a su genealogía histórica (“hijo natural”, o “de madre soltera”, estigma que además compartía con Evita).

Pero, en cuanto a la genealogía histórica del apellido Perón se refiere y a su lugar de nacimiento efectivo (Lobos, provincia de Buenos Aires), eso está hoy muy estudiado y comprobado.

Quizás la investigación genealógica más actual, exhaustiva y erudita sea la obra “El Coronel, 1895-1944”, del historiador Jorge Crespo (Buenos Aires, 1998).

A ella nos remitimos como fuente aquí.

En ella Crespo –luego de señalar las distintas grafías del apellido- concluye que el primer Perón llegado a estas tierras es Silvestre Perón, un sevillano que participó en la expedición de Pedro de Mendoza (1536) y que presenció la fundación de dos ciudades, Buenos Aires y Asunción del Paraguay.

En esta última se quedó a vivir y allí murió (posiblemente alrededor de 1500/1560), según consta en documentación del Archivo de Indias.

O sea que ese “primer Perón” es paraguayo, algo que al último no le habría por cierto disgustado, Sin embargo, no de es esa rama española de los Perón en donde se ubica la genealogía de este Juan Domingo.

Hay que buscar primero por el lado de Francia y luego en Italia.

UN LARGO VIAJE PERONISTA: 1495-1797.

Aquí es bueno reconocer -como lo hace el propio Crespo- “la intuitiva labor del historiador Fermín Chávez: el origen de Juan Perón podría ser vasco-francés”.

Le corresponderá a Crespo probarlo documentalmente y -por lo que se ve en su obra- razones no le faltan.

Con mucha paciencia y pruebas a la vista, Crespo nos irá mostrando que esa rama española de los Perón se traslada –a mediados del siglo XVI- desde el sur hacia el norte de España, a la región Vizcaína (Bilbao y alrededores) y desde allí sigue rumbo a Francia.

Durante su estadía francesa el apellido a veces pierde el acento ortográfico (Peron) y en otras gana una ere (Perrón).

Así y todo Crespo va rastreando su itinerario y demuestra que esos Perón (provenientes de España) terminarán asentados en el norte de Italia, a comienzos de siglo XVIII, muy cerca de Génova.

Y aquí comienza propiamente nuestra pequeña historia: la del “Perón sardo”.

De ese puerto zarpa el buque que trae a América al joven Tomasso Marius Perón (el bisabuelo de Juan Domingo) y aquél que origina la rama argentina de los Perón.

Según registros náuticos Tomasso llega a nuestro país en 1831; mientras que otra rama de esos Perón genoveses irá al Brasil: son los descendientes de Angelo Perón, uno de cuyos hijos (Giovanni, Juan) ya nació allí, por lo cual desde el 1900 hay una rama Perón brasileña, que no es la que se proyecta entre nosotros.

O sea que hasta aquí, hay Perón para todos los gustos: españoles, argentinos, paraguayos, brasileños, franceses e italianos!

Pero la rama argentina queda claramente identificada: son los descendientes de Tomasso Marius Perón, bisabuelo de Juan Domingo que llega a nuestro país en 1831.

Ahora bien, ¿desde dónde?, ¿desde Cerdeña acaso?.

¿Era ese Perón sardo?


UN PASAPORTE MAL LEIDO

La respuesta es doblemente negativa: ese primer Perón llegado a la Argentina en 1831 (Tomás Mario) no era sardo, sino genovés; y, por supuesto, su bisnieto (Juan Domingo), no había nacido en Cerdeña sino en Lobos provincia de Buenos Aires, el 8 de octubre de 1895, de la unión de Mario Tomás Perón y Juana Sosa.

Para aclararlo, démosle directamente la palabra a nuestro investigador, Jorge Crespo: “ Ha sido un error muy común de varios autores el conceder a la isla de Cerdeña el lugar original del apellido Perón y del nacimiento del bisabuelo de Perón, Tomassus Marius.

La confusión se debió a que el pasaporte del primer Perón llegado a nuestras costas, estaba expedido por un funcionario del “Reino de Cerdeña”.

No se percataron los biógrafos de Perón, que el dueño de esos documentos había nacido en Génova y que en la casilla correspondiente al puerto o lugar de origen del permiso correspondía a “Génova”.

Asociaron inmediatamente Reino de Cerdeña con Cerdeña y de allí en más dijeron que Tomasso Marius Perón había nacido en Cerdeña y –otro grueso error- era que Juan Perón era de ascendencia sardo”.

No nos olvidemos que –por aquellos años- Cerdeña era colonia de la ciudad de Génova.

Por cierto que esta verdad histórica, no cancela ni invalida la verdad literaria; más aún, la propia Luisa Valenzuela reconoce -con toda probidad- el carácter ficcional y anecdótico de su novela, lo cual también está muy bien.

Por otro lado, la leyenda que le refirieron en la propia Cerdeña y fue su fuente de inspiración, llegó hasta nosotros y –como vimos- también provocó sus equívocos.

Además su producto (“La máscara sarda”) es mucho más noble que la novela de Tomás Eloy Martínez sobre el mismo personaje.



martedì 4 settembre 2012

“Me gusta caminar sobre el fuego del peronismo” poe silvina friera (luisa valenzuela - la mascara sarda) pagina 12


“Me gusta caminar sobre el fuego del peronismo”

La autora de El gato eficaz se nutre del enigma de Giovanni Piras para enriquecer ficcionalmente el mito del origen sardo del General. “Perón es un emblema casi sagrado. Algo pasó ahí por debajo”, dice la autora, comparando al ex presidente con los “santos populares”.

 Por Silvina Friera
Un destino la acecha: cabeza en alto, pero el corazón estrujado. La memoria regresa a la cuadra de la calle Teodoro García y Arribeños, en el barrio de Belgrano. Quizá sea una tarde de 1948 o 1949. Nunca es bueno acelerar demasiado el paso. La suavidad del andar es lo que encanta. Y de encantamientos se trata esta escena. De hechizos y de un renunciamiento. La niña no lo sabe. No puede saber lo que escribirá en el futuro. En tres oportunidades, “sin querer queriendo”, se asomaría de reojo al mito de Perón. La máscara sarda (Seix Barral), su última novela, es la tercera. Carlitos, el vigilante y su cómplice peronista, habla con la mujer que –según la madre de la niña– tenía “la piel más transparente del mundo”. Las enseñanzas secretas dicen que si se quiere encontrar no se debe buscar. Si estamos dispuestos a la renuncia, seremos encontrados. “Evita me llamó y yo hice que no la veía –cuenta Luisa Valenzuela–. Me di media vuelta y me fui hecha un trapo, con un dolor en el alma, porque yo quería la bicicleta.” El antiperonismo era innegociable en el hogar de esa niña, donde los escritores de la época se juntaban “para hablar en voz baja con las ventanas bien cerradas”. Qué difícil alejarse de la tentación más popular de todas: conocer a Evita y tener la bicicleta tan deseada. “Yo quería y necesitaba la bicicleta. Había poca plata en esa época; mamá recién se había separado y no era fácil. Pero cómo iba a recibir la bicicleta con las calcomanías de la fundación en mi casa, con Borges y compañía. Me ma-ta-ban –silabea despacito mientras una sonrisa eclipsa, finalmente, la tensión evocada–. Yo estaba convencida de que estaba mal... Lo que recuerdo es la mezcla de sensaciones al renunciar a la bicicleta: la opresión y el orgullo.”
A Valenzuela le gusta “caminar sobre el fuego del peronismo”. En su casa de Belgrano, rodeada de las máscaras que colecciona, le pone paños fríos al temprano desgarro entre el deseo y el deber ser. “De la bicicleta de la fundación a La máscara sarda, mi novela es la venganza de la bicicleta que no fue; con los derechos de autor me puedo comprar una regia bicicleta”, bromea la escritora en la entrevista con Página/12. Un nuevo renunciamiento la acechó, pero –esta vez– no se concretó. Antes de embarcarse hacia los carnavales de Cerdeña, en febrero de este año, estaba convencida de que nunca más escribiría una novela. “Yo pensé que había cerrado el ciclo. Cuando salió Cuidado con el tigre, una novela muy vieja que nunca había dado a publicar pero que tiene que ver con todo lo que vendría después, luego de El mañana, que para mí fue como mi ars poética, mi legado, me dije: no tengo nada más que decir. Nunca pensé que tenía algo que decir. Pero algo se va diciendo a través tuyo. No hay como renunciar para que venga el golpe.”
El gran golpe sucedió apenas aterrizó en Cerdeña. En la pequeña ciudad de Mamoiada, pueblo montañoso de unos 2500 habitantes, la escritora se entrevistó con Giannino Puggioni, gran referente del carnaval local, presidente de la Asociación Pro Loco de Mamuthones e Issohadores, las máscaras emblemáticas de ese pueblo. “¿Acaso no sabe usted que Juan Domingo Perón era sardo y nació acá, propio de Mamoiada? En un principio se llamó Giovanni Piras...”, le dijo sin anestesia. No tenía noticias de esta leyenda la escritora de ficción que cuanto más atrabiliaria la historia que se cuenta, más la interpela. Aun a su pesar. “Los servicios secretos de su país –continuó el referente del carnaval sardo– se han esmerado en borrar todas las pistas, pero acá lo sabemos desde principios de los años ’50.” Ahí nomás le mostró las páginas del viejo diario L’Unione Sarda de 1951, donde se anunciaba el increíble “descubrimiento”. Luisa leyó el primer artículo firmado por Nino Tola, abogado y periodista que cuenta cómo Giovanni Piras, emigrante de Mamoiada que llegó a la Argentina a los 17 años, repentinamente cortó todo contacto con familiares y amigos de su pueblo natal porque, a decir de unos compañeros de trabajo, “se había convertido en un personaje sumamente importante” que podría ser el presidente argentino. El germen de La máscara sarda. El profundo secreto de Perón cayó en sus manos de la manera menos esperada. No podía esquivar ni renunciar a hacer lo que mejor sabe: escribir con el cuerpo, poner mentalmente las vivencias o los asombros en palabras, encontrar la manera más eficaz de verbalizarlos. Cuando regresó, suspendió otros viajes y conferencias. “Mi cabeza estaba en otro lado”, subraya Valenzuela. Aunque todavía le parezca extraño, se zambulló durante dos meses enteros en la escritura de la novela.
“Es usted trino, mi General”, dice José López Rega, el Brujo, la noche del sábado 16 de junio de 1973 en la quinta del barrio madrileño de Puerta de Hierro. Muy cerca, en el piso alto, está el sarcófago de Evita; en los bajos fondos de la quinta, en el inframundo, deambula Isabel. “Vamos, Lopecito, acábela con sus patrañas y déjeme descansar tranquilo que tengo que prepararme para el gran viaje. Quiero llegar en forma al destino que me aguarda desde siempre. ¡Trino, qué boludeces se le ocurren, Lopecito! Ni que yo fuera un pajarito, un pajarón”, retruca Perón en las primeras líneas de la novela. El Brujo, hundido en un viejo rencor, no dará el brazo a torcer. Pese a las ironías y maltratos del viejo, no ceja en convencer al General, hipnosis mediante, para que rememore el eslabón de su infancia escamoteada. “Usted es Juancito Sosa y es Juan Perón por supuesto, pero no debemos olvidar que primero y principal usted es Juanne de Mamoiada, al que llaman también Juvanneddu o Juvennu. Usted es la reencarnación del dios Dionisos, el de los múltiples nombres. Todos los Juanes son usted, mi estimadísimo, lo configuran, confunden y complican, pero yo estoy acá para definirlo porque también soy trino (en un aspecto muy íntimo que ni sueño con explicarle, viejo socarrón).”
Novela “trina” estructurada en tres partes, será la Filonzana –la máscara más oculta de Mamoiada– el alter ego de la escritora, la hiladora que urde la trama. La que teje y se nutre del enigma de Giovanni Piras, inmigrante sardo que probablemente nació en 1893 o 1895. Y que al poco tiempo de llegar a la Argentina fue protegido por Juana Sosa –personaje de crecimiento descomunal en la segunda parte de La máscara sarda, que transcurre en Chubut, en la estancia donde estaban radicados los Perón– y cambió su identidad para no regresar a Cerdeña y cumplir el servicio militar. Luego daría el gran batacazo al casarse con Aurelia Tizón y escalaría posiciones hasta abandonar su máscara sarda. “Usted se nutre de las contradicciones, les saca punta como a lápiz para ir escribiendo su pasado como mejor le cuadre al momento en que escribe –afirma el siniestro López Rega en un tramo de la novela–. A cada uno de los entrevistados les dio fechas diferentes, información confundida. Y lo bien que hizo y usted lo sabe y no se cansa de repetirlo: el misterio es su mejor aliado.”

–El mito de Perón es inagotable, ¿no?

–Sí, como todo mito, es de múltiples lecturas. Mi novela es una lectura más, desde la ficción. El mito es el habla, todo lo que se dice; se va formando por lo que uno va comprendiendo y mirando desde otros ángulos. Perón escribió su mito en el imaginario de los argentinos; por eso borraba huellas. El mito necesita muchas ambigüedades. Es una lectura que aporta el lado mágico. Y estaba pensando también en todos los santos populares. Perón, que tuvo sus cosas positivas y negativas –muchas más positivas que uno le reconoce–, es un emblema casi sagrado. Algo pasó ahí por debajo. Más allá de él y de todo. También como los santos populares, ¿no? ¿Qué pasa con esos santos populares como la Difunta Correa o el Gauchito Gil, que de golpe se convierten en seres tan emblemáticos?

–Un ser también emblemático es Juana Sosa, que en un momento de la novela crece tanto que parece la protagonista. ¿Cómo explica esta sensación que genera el personaje?

–Esa madre es una figura universal. Me interesó mucho esto de las madres a posteriori. Yo no me planteo de antemano que voy a explorar sobre las madres. Pero en algún momento esa exploración empieza a armarse y Juana Sosa cobra una fuerza que no me esperaba. Tenía previsto que la parte argentina sería más corta; de hecho pensé en una novelita muy corta. Pero empecé a solazarme con el mundo gaucho y la parte tehuelche de Juana Sosa. Por lecturas supe que ella era una mujer fuerte, que manejaba la estancia.

–¿Cómo fue el regreso de López Rega, como personaje de ficción?

–El hecho de que volviera el Brujo fue lo que abrió la novela, porque no sabía cómo tratarla. Hasta que entendí que el Brujo le tenía que haber tenido mucha bronca a Perón porque no lo puso como su representante y eligió a Cámpora; no le dio el lugar que él quería. Ese resentimiento me vino como anillo al dedo. Como al Brujo ya lo tenía trabajado, escribí la novela muy rápido, porque estaba en una parte horrible de mi inconsciente, en la zona más oscura.

–¿Por qué plantea, al final de la novela, en la “Bitácora”, que a Perón le tendría que haber gustado esta historia de la máscara sarda?

–Lo traté con el mayor respeto posible a Perón y no creo que la novela sea hiriente. Pero confieso que en algún momento me sentí incómoda porque estaba escribiendo sobre un personaje que tanta gente venera. No me gustan los dogmáticos de ningún color ni de ninguna laya. Crean esto o todo lo contrario. Los dogmáticos son personas que no tienen flexibilidad de cintura para ver la otra cara de los asuntos. Los dogmáticos me resultan muy banales, la banalidad del mal. O del bien, que también puede ser igualmente banal y siniestro. Esta historia le tendría que haber gustado a Perón, si no hubiera sido anticonstitucional, porque es muy enriquecedora como mito. Alguien que viene de ese pasado, de ese mundo pastoril, de haber sufrido ser un chivo expiatorio, de haberse liberado de eso, de haber entablado una relación y haberla seducido intelectualmente a Grazia Deledda –algo que invento yo– para que se preocupe por ese chico, hijo de la Accabadora, que es una mujer mágica. No es una infancia denigrante. Al contrario: es dura, pero extraordinaria.

–¿Le costó escribir los diálogos, hacerlo hablar a Perón?

–Lo he escuchado hablar tanto a Perón que la escritura se dio naturalmente. Cuando el personaje crece en uno, pasa por otro filtro. Además es un Perón disminuido, viejo, enfermo. No es el Perón que recordamos en su magnificencia. Todo fluyó con tanta naturalidad..., es tan extraño que tocó un resorte muy interno. El tabú –como dice Roland Barthes– empieza a fluir y sale eso que está oculto y que ni sabés que lo tenés.

–¿Cómo explica esa fascinación que ejerce en usted el peronismo, sin ser peronista?

–El peronismo es fascinante y en absoluto me definiría como peronista. El peronismo fascina a tantos; Perón es el héroe de las mil caras de (Joseph) Campbell. Imaginate que si Macri es peronista, si Menem es peronista, si Cristina es peronista, si la gente de ultraizquierda es peronista... Es el significante vacío de Ernesto Laclau, cuando habla del peronismo como esa cosa donde todo cabe, es informe. En esa “informidad”, por decirlo así, entra la infancia mamoiadina, la máscara sarda. Perón, de alguna extraña manera, es una máscara. Yo estoy a favor de las máscaras. Yo amo las máscaras, no lo digo en un sentido negativo. Lo digo como algo transformativo que te permite ingresar en otro espacio.
A toda costa una máscara procura inmiscuirse en el campo visual. Hay tantas máscaras en esta casa que la cuestión podría ser minúscula. Pero esta máscara deja a la entrevistadora con los ojos como platos cuando cae en la cuenta –con todas las connotaciones de la caída como golpe– del asombroso parecido. Luisa se ríe con ganas. “La compré en Cerdeña y la guardé. Ni siquiera la había mirado. Cuando llegué acá, la saqué y la puse en esta repisa. Y de pronto me dije: ‘¡Ay, se parece a Perón!’. El mascarero -Franco Sale- no cree que Perón sea de Mamoiada. Dice que es una leyenda. La mitad de los mamoiadinos no cree y la otra mitad sí. Lo curioso es esa pasión, la fuerza de esa creencia popular que materializa situaciones”.

–Esa experiencia del carnaval en Cerdeña, tan definitiva en la escritura de La máscara sarda, ¿la vivió como si hubiera estado, en cierto sentido, en un mundo peronista?

–Tenés razón en lo que me preguntás porque estás pensando en otro tipo de carnaval. Pero el carnaval de Cerdeña es muy interior, muy brutal, de despertar la tierra. La Filonzana tiene la tijera porque va a cortar el hilo de la vida; es muy trágico. En cambio para mí el peronismo es la alegría, la felicidad de masas. Quizá el carnaval de Cerdeña sea la otra cara, la cara oculta del peronismo. Ese es el mundo que me enriqueció y me conmovió. La escritura siempre es mediúmnica.
* La máscara sarda se presenta mañana a las 19 en la librería Cúspide Recoleta (Vicente López 2036), con Guillermo Saavedra. Marilú Marini y Leonardo Sbaraglia personificarán, respectivamente, a López Rega y a Perón.

venerdì 24 agosto 2012

un-novela-sobre-peron-apunta-a-los-secretos-de-un-mito- Luisa-Valenzuela

un-novela-sobre-peron-apunta-a-los-secretos-de-un-mito-luisa-valenzuela


FONTE :http://www.telam.com.ar/nota/34999/ 15 de Agosto – 15:16hs

Un novela sobre Perón apunta a los secretos de un mito

Mora Cordeu
Un viaje a los carnavales de un pueblo de Cerdeña enfrentó a la escritora Luisa Valenzuela con una información sobre el supuesto nacimiento de Perón en la isla -investigado por estudiosos y que dio origen a algunos libros- noticia disparadora de una novela.
“La Máscara sarda” (El profundo secreto de Perón), recién publicada por Seix Barral, comenzó a escribirse en la pequeña ciudad de Mamoiada donde la escritora entrevistó a un referente local de los carnavales, Giannino Puggioni, presidente de la Asociación Pro Loco de Mamuthones e Issohadores, “las máscaras emblemáticas de ese pueblo que signan -además- la identidad de toda Cerdeña”, apunta Valenzuela en el libro.

Y agrega: “No llevaba ni cinco minutos hablándonos de esos seres del inframundo que conforman los ritos agrarios cuando advirtió que yo era argentina. Una enorme sonrisa le iluminó entonces el rostro. Y me lo espetó sin anestesia: `¿Acaso no sabe usted que Juan Domingo Perón era sardo, y nació acá, propio en Mamoiada?`”.

Valenzuela, autora de “Hay que sonreír”, “El gato eficaz”, “Como en la guerra”, “Cola de lagartija”, “Realidad nacional desde la cama”, “La travesía”, “El Mañana” y “Cuidado con el tigre”, comprendió que en esa anécdota estaba el germen de otra novela.

Rodeada de máscaras traídas de Cerdeña, con libros que apoyan esa insólita tesis, incluso artículos periodísticos publicados en 1951 en L` Unione Sarda, la escritora recibió a Télam en su casa para hablar de ese diálogo entre el general y José López Rega, donde el brujo intenta convencerlo de rememorar su infancia para recuperar ese pretendido origen sardo.

- ¿Por qué decidiste hacer una novela con esta historia?
- La ficción permite articular algo que no se sabe si es verdad, por eso decido ser la Filonzana (“la tercera y más oculta máscara de Mamoiada, surgió como mi alter ego y me permitió urdir una trama con hilos de realidad entrecruzados con los de fantasía”, escribe Valenzuela).

Primero no creí lo que me contaban, después me empezaron a mostrar documentos, libros, detalles, y aunque hay versiones contrapuestas algunos sostienen que la historia es real (“¿Cómo un pueblo tan pero tan signado por la máscara puede dudar de que uno de ellos, de la noche a la mañana y en tierra extranjera, se haya convertido en otro diferente y haya ascendido hasta alcanzar la cumbre”, se pregunta en un pequeño anexo de la novela).

Yo creo que Perón construía su propio mito y se encargaba de no aclarar demasiado determinados aspectos de su vida. Era ambiguo y leyendo a su biógrafo oficial, Enrique Pavón Pereyra, uno se da cuenta que guardaba sus secretos y cultivaba el misterio en torno a su persona.

- Cómo las máscaras sardas…
- Es un mundo tan misterioso el de los mamuthones y los issohadores, yo me puse una de las máscaras -no durante la vestición ritual, pero sí en la intimidad de un taller- y es como entrar en otro universo. Son máscaras muy pesadas, con cencerros que cuelgan en tu espalda y comenzás a respirar distinto, a sentirte diferente.

- La novela parece incluir una reflexión sobre el oficio de escribir… ¿Cómo se da la génesis de la creación en tu obra?
- Creo en la ficción histórica verdadera, y ese hilo narrativo que encuentro al escribirla es como la vida. La vida es una narrativa. Y siento que desde la ficción muevo algo que estaba estancado.

Y todo surge desde esas fiestas propiciatorias, esos rituales agrarios muy profundos y conectados con el pensamiento mágico. En los días que estuve en Cerdeña pensé cómo convertir lo que sabía en una novela, no me interesaba abordar la información desde el punto de vista del periodismo.

Huyo de las estrategias para escribir una ficción, tiene que surgir del corazón de la historia. Me llama la atención que esta versión del origen sardo de Perón no era conocida en la Argentina, aunque él mismo se inventó un antepasado sardo (“Un bisabuelo de Cálgari, les dijo a algunos; un tatarabuelo de Alghero, médico, le dijo a Tomás Eloy Martínez. Los historiadores italianos no encontraron en ningún registro de la isla el nombre de Perón”, señala la escritora).

- Es curioso cómo pudiste ensamblar datos de la realidad -en los días anteriores del regreso de Perón al país- con las máscaras sardas como personajes de esta novela, en la que López Rega se dibuja casi con la misma intensidad que en “Cola de lagartija”.

- En “Cola de lagartija”, las frases eran todas inventadas, para “La máscara sarda” tenía un libro de su autoría (“Astrología esotérica, secretos develados”) con su propia letra servida en bandeja.

Representa la voz del lado oscuro y te das cuenta como la realidad supera la ficción. Era un ser maléfico.

Me llamó la atención leer recortes viejos de la época de López Rega, perdemos la memoria de esos momentos. Yo cuento en esta novela una escena en la embajada de México donde estaba Héctor Cámpora asilado durante la dictadura militar. Y él contó que después de su llegada a Buenos Aires en 1971 viajaron todos a Paraguay en visita oficial y durante la cena presidida por (Alfredo) Stroessner apareció López Rega y Perón lo sacó del camino diciendo (cito las palabras de Cámpora): `Usted ya cenó, Lopecito`. Estoy convencida que el Brujo le tenía un profundo resentimiento a Perón.

- El tema de la brujería y de la magia lo has trabajado mucho pero también es interesante ver cómo la política aparece siempre en tus novelas ¿por qué esta impronta tan marcada?

- Dos cosas: una es la de nadar contra la corriente de lo que me eduqué, que era Borges, el arte por el arte, el arte dirigido donde la política era anatema.

Y otra la ferocidad de la política. Una escritora es una caja de resonancia y mi primera experiencia real de meterme con la política fue “Cuidado con el tigre”, en el 72, y no lo quise publicar porque me sentía contaminando la historia. Quedó relegada al olvido. Después “Aquí pasan cosas raras”, cuando vuelvo y me encuentro con el país convulsionado, me empieza a intrigar la cuestión del poder. Y en el cuento “Cambio de armas”, la historia de un torturador y una detenida, fue terrible después de escuchar en los juicios a las juntas militares. Me di cuenta que no había exagerado nada. Escribo también “Simetrías”, sobre Norma Arrostito, las cosas se huelen pero no me doy cuenta, lo que me permite concientizarlas es la escritura de ficción.

La gente decía `no sabíamos nada` pero sabíamos todo. Era intolerable y lo pasabas por alto. La escritura te permite verlo y traducirlo de alguna extraña manera.

venerdì 10 agosto 2012

El último secreto de Perón (L'ultimo segreto di Peron) di Luisa Valenzuela


El último secreto de Perón

Según una historia que cuentan en Cerdeña, allí habría nacido el padre del peronismo. El relato inspiró a la autora argentina su última novela: La máscara sarda (Seix Barral)
Por Luisa Valenzuela  | Para LA NACION
 
Alguna vez dije que a la novela se la busca, en cambio el cuento te encuentra. Pero siempre hay lugar para contradecirse, o darse de bruces con cualquier afirmación terminante. Porque esta nueva novela me encontró y me tomó por asalto, a mí que había renunciado a la escritura de largo aliento y viajé a Cerdeña en febrero de este año con el propósito de investigar para un futuro libro sobre máscaras y carnavales. Pero allí me esperaba, agazapada, la historia insoslayable. Porque al llegar a la región conocida como la Barbagia di Ollolai, en Mamoiada, pueblo montañoso de unos 2500 habitantes, me esperaba la gran sorpresa: el presidente de una de las dos asociaciones de Mamuthònes e Issohadores, las máscaras más representativas de la isla, me reveló con total seguridad que Juan Domingo Perón había nacido allí. Se trataría de un emigrante sardo de principios del siglo XX que, en el más absoluto secreto, logró convertirse en otro. Lo tomé como una gran quimera, pero después empezaron a llover los datos, y en el hostal de Mamoiada llamado Sa Rosada, es decir La Rosada en honor a nuestra casa de gobierno, me presentaron pruebas: los numerosos libros publicados al respecto por distinguidos intelectuales locales y hasta los dos artículos firmados por Nino Tola que aparecieron en el periódico L'Unione Sarda en 1951. El tema empezó a fascinarme, a qué negarlo, más cuando vi las máscaras de los mamuthònes que sorprendentemente tienen una reminiscencia del perfil del General, y supe que estaban talladas en la madera del pero selvatico , el peral silvestre. Me dije sí, pero? y pero es una conjunción adversativa que entre otras lindezas expresa que lo dicho por la oración a la que afecta impide o contrarresta lo que dice la oración principal. Por lo cual ya no tuve escapatoria y decidí internarme en esa " selva selvaggia ", como diría el Dante, y zarpar en busca de la posible novela.
Regresé a Buenos Aires con un sobrepeso de libros: los de Grazia Deledda, oriunda de esa región, volúmenes sobre los carnavales de la Barbagia, sobre mitología, historia y tradiciones sardas, y hasta su música. Acá me esperaban las biografías autorizadas de Perón que firma Pavón Pereyra, y otras biografías más libres: Juancito Sosa, el indio que cambió la Historia , de Hipólito Barreiro yLa novela de Perón , de Tomás Eloy Martínez. Y rodeada por todo este material me sumí, voraz, en la lectura.
Mucha información y muy poco argumento, entendí. Y las numerosas contradicciones en la vida de Perón. ¿Dónde nació, en Lobos o en General Bermúdez o en ninguno de esos dos lados? ¿Y en qué fecha, en 1893 o 1895? ¿Y cuántos años estuvo en el Colegio Militar, y desde cuándo? Él mismo se encargó de embarrar las huellas y estaba orgulloso de ello: "Como si hubiese jugado al destino en una mágica apuesta, logré conservar hasta hoy el origen de mi nacimiento como un profundo secreto", le dijo a Pavón Pereyra, frase que los sardos citan profusamente (y en una carta a su prima Mecha mencionó su "brumoso pasado"). Por lo tanto, ¿no podía yo, novelista al fin, aportar mi granito de arena para la alimentación del mito?
 
"Mamoiada dividida en peronistas y no peronistas", es el título de uno de los artículos firmados por Nino Tola. 
Sin quitarle su condición de mito, sin dar la sardidad por descontada ni darla por mentira, porque la literatura no cancela, abre puertas. El tema era delicado: de haber sido italiano, Perón jamás habría podido ingresar en el Colegio Militar, y menos convertirse en presidente de la República. La Constitución lo prohibía. Motivo por el cual los sardos alegan que el cambio de persona debió realizarse en el mayor secreto.
Me sorprendió corroborar que algo tan pintoresco como la idea de un Perón nacido en la diminuta y distante Mamoiada se haya mantenido siempre en silencio por estas costas. Del tema se sigue hablando en Italia, ¿cómo nunca trascendió al dominio público argentino, aun para tomarlo a risa? Me tentó pensar en la acción subrepticia de los servicios secretos argentinos liderados por el Brujo, como acusan los sardos. Pero ¿acaso estuvo López Rega, el innoble Lopecito, siempre allí? Creía que no pero descubrí que sí. Desde 1949 "por mandato divino" el cabo de policía José López Rega fue custodio del Palacio Unzué, la residencia presidencial. Atando cabos entendí que el tal "mandato divino" debió provenir de la adivina y curandera Victoria Montero, maestra de López Rega en asuntos de esoterismo y consejera ocasional de Evita.
De alguna forma todo empezaba a cuadrar, ¿entonces qué? Entonces, gracias a cierta confidencia que años atrás me hizo el doctor Cámpora durante su asilo en la embajada de México, entendí que el Brujo debió sentir un profundo resentimiento contra Perón, quien nunca le reconoció el puesto de poder al que él aspiraba. De ahí en más la trama se fue armando sola. Tras infructuosos intentos, encontré dónde y cuándo establecer la acción. El lugar: el llamado "Claustro" de la Quinta 17 de Octubre en Madrid, un saloncito al pie de la bohardilla-altar donde yacía el sarcófago de Evita. El tiempo: unos días antes del regreso definitivo de Perón a la Argentina, es decir, en 1973. Justo el 16 de junio, fecha de triste memoria para el General, un momento en que se sentiría por demás vulnerable. Vulnerable a los tejemanejes del Brujo que lo guiará y conminará, a lo largo del presente de la novela, a que rememore y reviva su infancia sarda: "Usted es trino, mi General", le dirá en tono de confidencia.
 
Un diario sardo de 1951 explica el supuesto origen del presidente argentino. 
Trino porque en usted hay tres como la Santísima Trinidad, pero ninguno de ellos es hijo o padre o espíritu santo. Son todos usted, mi General. Usted es Juancito Sosa y es Juan Perón por supuesto, pero no debemos olvidar que primero y principal usted es Juanne de Mamoiada al que llaman también Juvanne o Juvennu. Usted es la reencarnación del dios Dionisos, el de los múltiples nombres.
Mi principal desafío fue trabajar con libertad usando elementos de la realidad. Suelo sentirme a mis anchas sólo cuando invento. Al personaje de López Rega lo tenía internalizado de alguna manera, mal que me pese, porque a fines de los años 80 escribí una novela titulada Cola de lagartija que cuenta la, digamos, historia secreta del Brujo. Pero aquella había sido una experiencia totalmente distinta y puramente ficcional. La historia fue desencadenada por una pregunta que me formulé, salida de la nada: ¿cómo es posible que un pueblo evolucionado como el nuestro haya podido caer en las garras de un vil brujo?
Para contestarme este tipo de dudas sólo me resta sumirme de cabeza en una novela y empezar a explorar el tema. Lo hice desde lo estrafalario del personaje, su ambición de un poder omnímodo, sus ganas de ser dios. El lenguaje me fue llevando por cavernas profundas y ominosas. Pero en este caso particular, con un protagonista tan destacado y venerado, no era cuestión de entregarse al puro juego. Debía basarme en los textos, y no sólo las biografías o, pongamos por caso, La fuerza es el derecho de las bestias . El libro Astrología esotérica de López Rega me dio verbatim su lenguaje ampuloso y desmedido. Me fueron útiles también los recortes que había ido acumulando durante la época posterior a Cola de lagartija , donde por ejemplo Víctor Bo menciona el juego del chin chun cha recomendado por el General, en el cual las reglas cambian a cada rato y sólo él las conoce. Bellezas como éstas alimentan la literatura. Y también la alimentaron en este caso las tradiciones y supersticiones sardas, para no hablar de sus máscaras, y las tradiciones argentinas. Fue el tramo local de la novela el que más me sorprendió al cobrar una dimensión y profundidad que no tenía prevista. Allí pude pergeñar un cambio de persona con todas las de la ley, absolutamente lógico. Los sardos dicen que cierto emigrante de Mamoiada, quizá Giovanni Piras, llegó a la Argentina en la primera década de 1900 y pudo escalar posiciones de manera inaudita gracias según unos a un matrimonio encumbrado (el hermano de Aurelia Tizón tenía un puesto de nota), o según otros por la bondad de Juana Sosa, apiadada del pobre joven sardo que debía ir a hacer el servicio militar a su país a tal punto que darle una nueva identidad. De una manera u otra el pastor mamoiadino acabó llamándose Juan Domingo Perón y fue otro, excepcional y distinto.
Como novelista me jacto de haber encontrado un hilo narrativo mucho más plausible. Son éstos los milagros de la escritura, cuando nos dejamos llevar por el lenguaje y la imaginación. No lo cuento porque sería delatar el nudo de la trama, pero fueron las tradiciones vivas de esa tierra antiquísima que me inspiraron para trazarle al niño -ungido en un principio chivo expiatorio de su pueblo, investido de una máscara forzada- un camino de sabiduría que lo habilitó para llegar a ser otro y alcanzar las altas esferas del poder. Su carisma y su capacidad de empatía los fue adquiriendo a lo largo de alegrías y dificultades y de encuentros propiciatorios. Encuentros que pudieron ser aciagos como el que tuvo con el joven Juancito Sosa, o transformativos como con aquella que pasó a ser su madre, doña Juana Sosa de Perón, un personaje que para mi gran sorpresa fue creciendo con el correr de la escritura hasta volverse imponente.
El tramo argentino transcurre en Chubut, donde estaban radicados los Perón, tierra patagónica de rocas y de viento que, como la Barbagia di Ollolai, se presta a los conjuros. Para ese tramo me fueron muy útiles mis vacaciones "gauchescas" en la estancia de los Girondo. Abrevamos en todas las experiencias, las propias, las ajenas, las inventadas, para crear el sólido universo de la ficción.
Pero al pie de la historia propiamente dicha me pareció indispensable redactar una bitácora que destaca los hilos de realidad que se trenzaron con la ficción para oficiar este pase de magia llamado novela.

LA TUMBA IGNORADA

"Hay en el campo patagónico al pie de un árbol una tumba que ya ha sido borrada, pisada por el ganado, profanada quizá por alguna carretera por la que hoy corren coches y camiones. El árbol está seco. Esa tumba ya no está en el centro de lo que fue el potrero seis de la estancia La Porteña, al pie de la meseta basáltica en el corazón del Chubut, pero está en el corazón de él, lacerándolo, y esa tumba lleva una cruz y Perón habrá de acercarse a ella y leerá la leyenda que nunca ha sido grabada y verá claramente que dice Juvanne Paulis, 1892-1909, pero sabrá que en realidad se trata del otro y al fin comprenderá que el otro es él y no es él, y para que no nunca más sea él en ninguna de sus manifestaciones, él deberá depositar la máscara de Mamuthòn sobre la tumba ya desintegrada pero inmanente por siempre aun en su ausencia y se despedirá del muerto, cualquiera que éste sea. Que su fantasma no vuelva más a atormentarlo ni en sueños. Vete, le dirá, toma tu espíritu y vete." (Fragmento de La máscara sarda ).

martedì 7 febbraio 2012

¿Dónde nació Perón? - Gabriele Casula, Condaghes (2004) | SarIBS - Sardinia Internet Book Store

¿Dónde nació Perón? - Gabriele Casula, Condaghes (2004) | SarIBS - Sardinia Internet Book Store

sabato 21 gennaio 2012

¿Dónde nacio Juan Domingo Perón?


www.taringa.net/posts/info/1779489/_Donde-nacio-Juan-Domingo-Peron_.html

¿Dónde nacio Juan Domingo Perón?




LA LEYENDA DE UN SARDO QUE SE HABRÍA CONVERTIDO EN JUAN PERÓN


¿QUIEN ERA PERON? ¿DONDE NACIÓ?
Un enigma sardo en la historia de la Argentina 


Es uno de los casos más misteriosos y fascinantes de la historia moderna. El mítico General Juan Perón, tres vecespresidente de la Argentina, sería en realidad un italiano, más precisamente de Cerdeña. 

La presunción es increíble pero muchos elementos compiten, en todos los casos, en dirección de un Perón sardo. Sobre el hecho se habló tímidamente en los años ‘40 y hacia el inicio de los ‘50 solamente en Mamoiada (pequeño centro en la provincia de Nuoro), teatro inicial de este fantástico hecho, pero explota después con fragor en 1951 después de la aparición de dos artículos escritos por el abogado periodista Nino Tola en el cotidiano “L’Unione Sarda” y algo también en “Il Giornale d’Italia”. En aquel periodo Tola desarrolla incrédulo las primeras indagaciones y despertó la curiosidad de todos. Naturalmente también en los ambientes culturales sardos en aquellos tiempos la noticia fue ampliamente comentada entre estupor y perplejidad. 

El caso fue retomado más de veinte años después por el jovencísimo mamoiadino Peppino Canneddu y publicado en 1984 en un libro con el título “Juan Perón-Giovanni Piras, dos nombres una persona”, editado por Antonio Lalli – Poggibonsi –. 

Las primeras investigaciones insinuaban que Giovanni Piras, un humilde campesino de Mamoiada emigrado jovencísimo a inicios del siglo pasado a Sudamérica, se habría convertido nada menos que en el mítico presidente Juan Perón. La cuestión fascinó por mucho tiempo a un tercer investigador, Raffaele Ballore, que desde 1993 en adelante comenzó a indagar posteriormente y a recoger material decidido a extraer un guión cinematográfico a partir de esta historia (Guión terminado de escribir en 1996, registrado y depositado en la SIAE– Roma – en 1998- ). La investigación debía no obstante ser profundizada y encontrar documentación probatoria en pro o en contra de esta fantástica tesis y verificar argumentos y hechos que han viciado algunas coincidencias en el pasado. 

¿Cuántas cosas han cambiado desde 1984 a hoy? ¿Se han encontrado novedades sobre el caso? ¿Se llegó a sostener esta inverosímil afirmación con documentos de cierto peso y a efectuar indagaciones particulares. Una miríada de nuevos elementos se han agregado para mejorar (y complicar) las cosas, y en base a la documentación han hecho cambiar el recorrido inicial a Ballore si bien manteniendo la misma “ruta”. Las dudas sobre Piras han sido afrontadas y resueltas por su meticulosa investigación descripta en el libro “El Presidente” – El caso Piras-Perón -, con subtítulo “La leyenda de unsardo que se habría convertido en Juan Perón” 

La indagación, además de deshacer el caso hasta ahora conocido, el investigador evidencia eficazmente las muchísimas contradicciones de Perón y las lagunas de los historiadores argentinos con documentos y fotografías, y está caracterizada por el fuerte deseo del conocimiento y de la verdad. Muy a menudo las voces del pueblo han tenido algún fundamento, pero es también verdad que a veces la “caja de resonancia” popular amplifica más de lo debido los hechos y llega hasta deformarlos. Una seria verificación era necesaria sin dejarnos transportar o involucrar emotivamente aun cuando muchísimos testimonios jugaban a favor de la hipótesis de Mamoiada y que por una larga serie de irrefutablesi coincidencias (algunas forzadas) parecía no dejar alguna alternativa. 

Se ha hecho un estudio cuidado yendo a la búsqueda del Piras emigrado desde Mamoiada en 1910 e indagando sobre particulares fases de la vida de Perón y de sus documentos personales. La pista del Perón mamoiadino ha sido después descuidada por Ballore cuando han sido analizados importantes documentos de la primer esposa del General y los datos antropométricos en el folio Matricular Militar de Piras confrontados con aquellos di Perón. Finalmente ha sido dejada definitivamente la leyenda popular después del resultado de una pericia que no deja dudas. 

El autor transcribe las voces populares y los testimonios en Cerdeña que han literalmente dejado con la boca abierta por el contenido de las revelaciones y las muchas coincidencias que avalarían la versión del Perón mamoiadino pero que, en todos los casos, contribuyen indudablemente a un fondo de verdad ya que importantes elementos hacen pensar que Perón haya sido un sardo verdadero. Que el tres veces presidente argentino esconda algo muy serio en el libro emerge de manera clara e inequívoca. Fundamentalmente los puntos de mayor fuerza son: las muchas veces declarada “sardità” delGeneral y la inexistencia de sus bisabuelos en la isla; la búsqueda de documentos oficiales referidos al político argentino claramente dudosos; las fotografías del joven y del maduro militar no corresponden con las del niño y del adolescente; las amenazas recibidas por parte del abogado Tola y el importante testimonio inédito recogido por el periodista Franco Siddi (actual presidente de la Federazione Nazionale della Stampa Italiana). Siguen una serie de anomalías y rarezas en la documentación oficial del militar Perón y de la familia. 

Raffaele Ballore ha seguido y cree en una pista sarda si bien no ha aún logrado individualizar la localidad de proveniencia, en efecto escribirá “Piras-Perón” hasta el final del libro pero con éste juego de apellidos quiere significar más generalmente el caso, más precisamente, de un Perón sardo. Ya son muchos en haber sido golpeados por la “peronitis”, esta historia fascina a cualquiera: está quién acerca escritos, quien un pequeño testimonio, otros sugieren un indicio. En esto caso quien más tenga más coloque, la verdad histórica se alcanza con la contribución de muchos. 

Para colocar definitivamente la palabra fin al caso del Perón sardo, falta solo la prueba genética, prueba que, según los resultados escritos en el libro “El Presidente”, debería ser hecha a los restos de Juan Perón y de su madre Juana Sosa. El porqué se entiende leyendo éste volumen que argumenta el caso con documentos, fotos y testimonios. 
Tomás Eloy Martínez, gran escritor y biógrafo independiente de Perón, escribe: «…junto a Joseph Page he descubierto que hablar de Perón es un trabajo sin fin y ninguno podrá jamás escribir el libro definitivo». 

En Sudamérica no ha sido fácil indagar sobre una historia de éste tipo: demasiadas dificultades, demasiadas puertas cerradas, demasiado tiempo transcurrido y, porqué no, demasiados intereses del Estado Argentino. 

Algunos escritores han señalado las rarezas de la inscripción en el Registro Nacional de las Personas de los orígenes delGeneral, hay quien las justifica con la molestia de Perón no legitimado desde el nacimiento y quién no sabe explicarnos los motivos. Pocos no obstante han observado atentamente sus hechos, solamente con un atento análisis nos damos cuenta que toda la vida de éste ilustre personaje está llena de misterios y sorpresas que dejan serios interrogantes sobre todo porque hay ahora elementos para no descuidar y para colocar bajo la atención de los historiadores. 

Es necesario decir que éste caso ha merecido la difícil y profunda búsqueda de la cuál ha sido objeto. Indagar sobre la vida de Perón para aclarar la verdadera identidad no quiere absolutamente ser un acto descortés hacia el pueblo argentino ni disminuir la figura de su ex Presidente

El autor no evalúa el Perón político porque no ha profundizado el conocimiento de su obra y de sus ideas, en el interior de ésta investigación menciona solo un pequeño perfil. Expresa no obstante la personal consideración diciendo que si ha sido electo democráticamente tres veces quiere decir que para los argentinos algún merito habrá por lo tanto tenido, más bien, todavía hoy, él y Evita, su famosa, venerada y discutida segunda esposa, permanecen como dos figuras míticas dentro del entero panorama latino-americano. Pero no tiene intenciones de celebrar o demoler ningún “mito”, quiere solamente poner en discusión una verdad de interés histórico porque si todo corresponderá a la verdad de un coterráneo suyo, con el nombre de Juan Perón, en el bien o en el mal, ha sido un protagonista de la historia del 1900. 

En uno de los libros de Enrique Pavòn Pereyra, biógrafo personal de Juan Perón, resalta de manera enigmática una frase dictada al escritor por el exiliado argentino en la casa madrileña sobre como ha conservado celosamente el origen de su natalidad, se lee: «…Yo he jugado con mi destino una mágica apuesta, he logrado hasta hoy conservar mis orígenes como un profundo secreto». 

También para otro investigador sardo, Gabriele Casula, una substitución de persona de manera regular es la explicación de la falsificación y de la manipulación de los documentos de identificación de Juan Perón y de las contradicciones existentes en las biografías de los historiadores argentinos además en sus extensas memorias y lo explica en el libro “¿Donde nació Perón? Un enigma sardo en la historia de Argentina” (Ed. Condaghes, Cagliari). Más allá de la fantástica historia que proponen los libros “El Presidente” de Raffaele Ballore y “¿Donde nació Perón?“ de Casula, un hecho importante hermana los destinos de Cerdeña, de Argentina y de sus capitales: la ciudad de Buenos Aires toma el nombre de la iglesia de la “Vergine della Buona Aria”, patrona de Caliari y de toda la región sarda. 

Fuente: 

http://www.taringa.net/posts/info/1779489/_Donde-nacio-Juan-Domingo-Peron_.html 
 http://www.mamoiada.org/peron_esp.htm